Mi vida siempre pareció una rosa
que por fuera parecía bella,
las espinas por dentro acosan
como la sombra aquella.
Era tan sútil como hermosa
mientras me hacía carantoñas,
yo me sentía como carroña
y mi cabeza volaba ociosa.
Yo la llamaba cuchufleta,
ella cosía mis calcetines
con los que andé toda mi vida
intentando alcanzar la meta.
Empecé portando antorchas,
en mi mano también velas,
lámparas en carabelas,
en fragatas bombillas derrochan.
Muchas veces masoquista
disfrutando vulnerable
del dolor, siendo un artista
con una mente inestable.
Disfrutando plenamente
de mi cuerpo ensangrentado
por las espinas que se sienten
haciéndome quedar extasiado.
Ante la dura realidad
me paralizo cual conejo
sorprendido por unas luces
que le alrman con su claridad.
Estabamos como cabras,
nos decían “no cabéis”
y aunque las puertas no abrían
nosotros despreciábamos la ley.
Solo mi mente fue creadora
de toda mi indiosincracia
y también fue destructora
de, en mi ser, la democracia.
Hizo mi alma imperecedra,
mi rostro afiligranado,
mi cuerpo dejó deformado,
mi cabeza cual regadera.
Intentó repercutir
en mi naturaleza de mamífero
haciéndome sentir
que no hacía nada fructífero.
Con un sencillo ademán
derruía todo lo que yo he creado
como si fuese un gran chamán
y yo un triste desempleado.
Pero ahora que soy fuerte
y ya no estoy cansado
cada vez que voy a verte
es porque soy pluriempleado.
Me hizo ser un energúmeno,
el rencor era mi reliquia,
cada palabra era un gran número
que ella con placer veía.
Pero ahora que la expulsé
es de mi océano el piélago,
de su manipulación me cansé
y me aparté de su látigo.
Con la frialdad de un ofidio
parecía remendar.
Yo creía que hacía su oficio
pero me hacía sangrar.
Dejó mi corazón anegado
de lágrimas escarlata
y a mi ser anonadado
al convencerle de que metía la pata.
Y me hace llorar sangre
con su lavia de mujer
provocándome calambres
al llegar cada amanecer.
Me trata de robar la luz
y lo veo todo negro,
me sepulta bajo un alud.
Si sobrevivo ya no me alegro.
Hizo de mi vida una película
en la que caía al suelo
de manera tan ridicula
que sollozando aún me duelo.
Por la mente no fuí estrella,
quizá fue por tanto porro,
y aunque me llamaron zorro
nunca dependió de ella.
Puede que yo sea un ceporro
al que usa cuando antoja
soplándome como una hoja,
si se empeña yo me corro.
Y me mueve con la brisa
mientras lloro desolado
puedo ver ya su sonrisa,
disfruta de lo que ha creado.
Cenutrio me llamaban
cuando me evadía en el desayuno
contemplando las campurrianas
mientras no me sentía uno.
Inútil cual altramuz
al que pelan y luego tiran,
y tragaba como un batracio
cada una de sus mentiras.
Todo me quedó diáfano
ante mis ojos sangrantes.
Yo frío como carámbano,
lo soy ahora y lo fuí antes.
Capaz de dejarme plegado
con su flamígero aliento,
con un simple parpadeo
torrente de ira yo siento.
Comenzó mi hundimiento
con movimiento sibilino
rompiendo cada pensamiento,
retorciendo mis intestinos.
Se trata de un acuerdo tácito
entre mi violáceo cerebro
y mi corazón anárquico
en el que nada celebro.
Y aunque yo me sienta invicto
ante toda vanidad
sé que la dura realidad
tiene planes muy distintos.
Supérflua es mi opinión
y se va como el carmín
en inquietante silencio,
que es de la Parca canción,
mientras voy pintando un lienzo
de una jaula y un arlequín.
Ahora mi alma es de cristal
y mi aliento color púrpura
que poco a poco me tortura
y mi existencia hace mortal.
Una luciérnaga me guía
y me acerca hacia el amor,
yo me muevo por el odio
como un animal feroz.
La sangre busca mi boca,
el humo mis fosas nasales,
el fuego que a mi me toca
como el agua me deshace.
A mi vista solo hay nubes
que descargan una lluvia fría
que es tan vuestra como mía
cuando nuestro cielo cubre.
Caigo cuando llega el otoño,
en la primavera no levanto
y trato de caer de canto
sobre el nido de su coño.
Busco mi imaginación
en las hojas de un madroño
pero cuando se hizo el moño
me hundí en la decepción.
La tinta es mi catálisis
y hacer sangrar mis puños,
mis rasgos en palabra acuño
pero trato de frenar la epístaxis.
No hago caso al apaciguamiento
que trata de frenar mi locura.
Carcajadas en el apareamiento
de mi ser con la cordura.
Acabé cayendo en su juego
hipnotizado por su perfume:
quiere que de mí mismo fume
para que me prenda fuego.
Busca hacer conmigo sopa
con el caos aderezada,
beber mi sangre en una copa
que con mis huesos fue forjada.
No habrá orquídeas en mi tumba,
en mi tumba habrá manzanas.
Quiero
una por cada cana
que mi cabeza alumbra.
Yo he volado como águila,
he gritado como un trueno,
bajo un caparazón fui bueno,
estúpido creí hacer sátira.
Mi vida pudo ser un libro
que lanzar contra la pared,
de esos a los que les gusta arder
y bajo cuya visión yo vibro.
Y es que con cada temblor
mi cuerpo se mustia cual lirio,
en mis ojos no hay colirio
que acabe con tanto ardor.
Fuí presa de una abducción
por habitantes del espacio,
de ese espacio exterior
que me hace sentir tan vacío.
Veo el mar y trae la brisa
taquipnea a mis pulmones
y tomo las decisiones
bajo consejos de risa.
Dando pasos cubro un camino
de fenómenos ortostáticos,
recorro paisajes fantásticos
aunque yo me desanimo.
Sialorrea entre mis labios,
regueros en mi barbilla,
lágrimas de un hombre sabio
que nunca puso pie en una capilla.
Y me aplasta la desolación
asesinando cada endorfina
cuando me percato mientras caminas
que solo soy una definición.
Y me esfuerzo cada día,
los psoas están en tensión,
luchando con fuerza y pasión
para que mi mente sea mía.
Mi entereza está sedada,
mi voluntad nada en formol,
mi astucia bebió propofol
y mi fuerza fue hipnotizada.
Pero montaré en caballo,
iré a lomos de un hipocampo,
recorreré a rastras el campo
pero si no me encuentro estallo.
Me siento un muñeco roto,
un iceberg aislado.
No me siento a mi mismo al lado,
dentro tampoco me noto.
No encuentro la luna en la noche,
no encuentro la gota en la tormenta,
no encuentro el frescor a la menta,
no encuentro en la velada el broche.
Quiero volver a ser la tempestad
que encoja de terror al bosque
y que mis manos se muevan porque
así lo quiso mi voluntad.
No quiero sentirme solo,
no lo quiero estar dentro,
no quiero en vida estar muerto,
ni ser ínfimo cual alveolo.
Mente con estupefacientes,
cuerpo con anabolizantes,
sentidos vestidos con sedantes.
Que pase el siguiente paciente.