martes, 31 de diciembre de 2013

Silencioso escándalo

El mejor sonido del mundo es el silencio.
Pero no el silencio absoluto, no.
El silencio interrumpido, inconstante.
Ese es el silencio perfecto.

Roto por el piar de los pájaros, el graznido de un ave, el ladrido de un perro, el aullido de un lobo.

Interrumpido por la brisa entre las piedras, el viento contra las ventanas, la lluvia contra los cristales.

Destrozado por un cláxon, un chirriar de ruedas, un estornudo, una tos, un improperio.

Espantado por un grito, un alarido, el clamar de una multitud, el rugido de una masa.

Invadido por un susurro, una respiración, el arrastrar de unos pies por el suelo.

Rechazado por la música alta. Muy alta. Sea suave o sea fuerte, pero que sea muy alta.

Ese silencio es el de cada día.
Ese sonido al que estamos tan acostumbrados que ya no valoramos.

El día que nos falte se acabará el mundo.

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